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El ejercicio físico acuático mejora los síntomas motores del Parkinson.

• Una revisión que incluye 7 ensayos clínicos demuestra los beneficios del ejercicio acuático en la enfermedad de Parkinson.

• Sesiones de 1 hora 2 ó 3 veces por semana producen beneficio ya después de 5 semanas de terapia.

• Frente a no hacer ningún tipo de ejercicio, los pacientes mejoran en su estado motor.

• Otros beneficios son la mejoría en el equilibrio y la reducción de caídas así como en la percepción de calidad de vida.

• Para pacientes con problemas de movilidad y riesgo de caídas, el ejercicio acuático constituye una muy interesante alternativa terapeútica al ejercicio convencional.
Uno de los problemas que los pacientes con enfermedad de Parkinson pueden desarrollar es la inestabilidad postural, con el consecuente riesgo de caídas, pudiendo suceder cuando realizan ejercicio físico o una actividad física concreta que se supone que es beneficioso para su enfermedad, pero que al mismo tiempo pueda resultar peligrosa. Como alternativa al ejercicio convencional está la posibilidad de realizar ejercicio físico en el agua, por ejemplo, en piscina. Realizar ejercicio en el agua puede ayudar a trabajar aspectos importantes como la rigidez, la fuerza, la resistencia o el equilibrio y la estabilidad sin riesgo de caídas. Sin embargo, no está clara cual es la evidencia científica al respecto.
Se publica estos días una revisión un que ayuda a dar luz a este interesante tema. En concreto, los autores, de Italia, pretendieron analizar con este estudio el efecto del ejercicio acuático sobre la severidad y aspectos motores de la enfermedad, riesgo de caídas y capacidad para realizar tareas, y calidad de vida, y además saber si es menos beneficioso que el ejercicio convencional fuera del agua. Incluyeron en la revisión sólo ensayos randomizados publicados en inglés con pacientes con enfermedad de Parkinson que recibieran ejercicio acuático con un programa de duración igual o superior a las 2 semanas y supervisado por un fisioterapeuta o experto en la materia y sin otras intervenciones terapeúticas simultáneas.
Como objetivos primarios definieron los cambios en la severidad de la enfermedad, estado motor, realización de tareas y riesgo de caídas, mientras como secundarios los cambios en síntomas no motores y en la percepción de su calidad de vida. Incluyeron estudios con pacientes recibiendo ejercicio acuático frente a ningún tipo de ejercicio, así como otros con pacientes recibiendo ejercicio acuático frente a ejercicio físico convencional (fuera del agua).
De un total de 129 estudios identificados, finalmente seleccionaron 7 estudios que cumplían con los adecuados estándares de calidad. Las sesiones de terapia en agua variaban desde 45 minutos a 60 minutos, de 2 a 5 veces por semana, y por un periodo de tiempo de entre 4 a 10 semanas. En cada estudio, el ejercicio en tierra (fuera del agua) comparativo era en sesiones de tiempo, frecuencia y duración similar. Uno de los estudios comparó el ejercicio acuático frente a ningún tipo de ejercicio, observando una mejoría motora por parte de los pacientes que recibieron ejercicio (en casi 5 puntos de la escala motora UPDRS-III). Los otros 6 compararon el ejercicio acuático frente a ejercicio fuera del agua, con un total de 159 participantes.
El efecto del ejercicio acuático fue superior al ejercicio fuera del agua en cuanto a la mejoría observada en equilibrio (Berg Balance Scale), episodios de caídas (Falls Efficacy Scale) y calidad de vida (PDQ-39). Por el contrario, no hubo diferencias entre el ejercicio acuático y el ejercicio fuera del agua en las otras escalas utilizadas para medir actividades de la vida diaria (UPDRS-II), estado motor (UPDRS-III), estado global del Parkinson (puntuación total de la escala UPDRS) y la capacidad para iniciar la marcha (Timed Up and Go Test).

En conclusión, el presente estudio demuestra que realizar ejercicio físico dentro del agua de forma rutinaria y adecuadamente controlado por un fisioterapeuta experto frente a no hacer ejercicio produce beneficios en aspectos motores, de equilibrio y en calidad de vida. Es importante sobre todo como posible terapia en pacientes con limitación para realizar ejercicio convencional por riesgo de caídas. En la práctica es algo recomendable y algunas asociaciones de pacientes ofrecen la hidroterapia como una terapia a sus pacientes con enfermedad de Parkinson.


DIEGO SANTOS GARCÍA
NEUROLOGÍA, CHUAC (COMPLEJO HOSPITALARIO UNIVERSITARIO DE A CORUÑA), A CORUÑA

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